Al día siguiente, Mia toca a mi puerta para decirme que el desayuno está listo, pero no me siento preparada para enfrentarme a Massimo después de lo sucedido la noche anterior, por lo que le pido de favor si puede subir mi desayuno.
Lo que resta del día me lo paso encerrada en mi habitación sin deseos de ver a nadie.
—Señorita, ¿se encuentra bien? Ayer por la noche cuando llegó estaba bien. ¿Qué ha sucedido? —pregunta Mia preocupada por cómo me encuentro.
—Sí, estoy bien, Mia, gracias por pregun