Terminamos nuestros alimentos y estamos casi por salir del centro comercial cuando dos mujeres se dirigen a mí.
—Así que tú eres la nueva amante en turno de Massimo —grita una de ellas, la cual es alta, de buen cuerpo, morena, cabellera oscura y ojos claros, pero el tono en que lo dice no es nada amistoso; su amiga, por su parte, solo me mira con odio.
—Eso no es asunto tuyo. No te conozco y no tengo por qué contestarte —trato de seguir de largo, pero esta me toma por el brazo y me jala hacia el