—Entonces, me retiro y nuevamente gracias por todo. —En cuanto salgo de su oficina, Palmieri se acerca a mí al ver mi mano envuelta en el pañuelo.
—¿Se encuentra bien señora? —inquiere preocupado.
—Sí, Palmieri. No es nada grave. Debemos bajar mi marido está esperándome —me mira sorprendido, por lo que acabo de confesarle, pero aun así no agrega nada. Solo asiente y nos dirigimos nuevamente al ascensor.
En cuanto llegamos a la planta baja busco rápidamente a Massimo, el cual se encuentra bebiend