Royal estaba a punto de girarse y regresar al interior de la mansión cuando sintió las manos de Katherine agarrando firmemente su brazo. La fuerza en su agarre y la súplica en sus ojos lo detuvieron momentáneamente.
—Por favor, Royal —insistió ella con un tono desesperado—. No me iré de aquí sin ver a mi hija. Es Navidad, ¿no lo entiendes? Quiero verla, abrazarla, saber cómo es. He pasado años imaginando su rostro, soñando con esta ocasión. Nunca la he visto, Royal. Pensé que la conocería a tr