Royal estaba por colocar su remera a un lado cuando escuchó la petición de Kisa.
—¿Acaso te incomoda que esté de esta manera? —preguntó.
Kisa se quedó mirando por un momento, mientras que sus pupilas recorrían el torso trabajado del hombre. Se veía bien, demasiado bien. Se sintió atrapada en ese instante, hipnotizada por la escena. Sin embargo, rápidamente sacudió la cabeza, tratando de expulsar esos pensamientos.
—En realidad, sí —respondió, desviando la mirada. Temía que Royal se diera cuenta