—Estoy... en una morgue... ¿no es así? —preguntó Royal. Le costaba hablar, aún no podía mover muy bien los labios.
El forense asintió con la cabeza rápidamente, todavía incapaz de hablar.
—¿Por qué... estoy aquí? —agregó Royal—. Estabas... a punto de hacerme... una autopsia, ¿verdad? ¿Acaso alguien de mi familia... lo autorizó?
El forense seguía sin poder creer lo que estaba viendo, y Royal comenzó a impacientarse.
—Deja de... mirarme así. Estoy vivo, realmente vivo, así que... contéstame ya —