Royal permaneció inmóvil, como si el peso de las palabras de su hija lo hubiera dejado clavado al suelo. Su expresión, normalmente serena y controlada se desmoronó, mostrándose perturbado. Las venas de su cuello y sus sienes estaban tensas, marcándose bajo su piel. El aire pareció haberse vuelto más denso a su alrededor, dificultándole la respiración.
Era como si el alma de Royal se hubiera separado de su cuerpo por un instante. Su mente intentaba procesar lo que acababa de escuchar, pero su cor