Los días transcurrieron con una extraña calma en la mansión. Kisa había logrado instalarse por completo en su nuevo hogar y se adaptaba poco a poco a su rutina. Las mañanas estaban dedicadas a su trabajo en la empresa, donde se esforzaba por cumplir con sus responsabilidades, y las tardes las pasaba con Coral, cuidándola y tratando de ganarse su confianza. Su vida ahora giraba en torno a la niña y cada vez sentía un compromiso mayor con ella. Sin embargo, algo no dejaba de inquietarla: los more