A MERCED DEL DINERO. C64: Tiene que quedar entre tú y yo.
Lucas dejó escapar una risa amarga, seca, que parecía brotar desde lo más profundo de su decepción. Sus labios se curvaron en una sonrisa torcida, pero sus ojos no reflejaban alegría alguna. Era una risa de derrota, de escepticismo, una risa que escondía el sabor agrio de la impotencia. Miró a Marfil con una expresión de dolor, con una súplica muda que nunca llegaría a pronunciar.
—No puedo ofrecerte más, Lucas —agregó ella con serenidad, aunque en su voz vibraba una nota de compasión.
Las pala