A MERCED DEL DINERO. C254: La ambición no es mala.
Las maletas estaban hechas, todo estaba preparado. Richard había salido al trabajo con la promesa de regresar temprano, y Marfil lo había esperado, tal como él le había pedido. Durante las horas previas, había empacado en silencio, moviéndose por la casa con paso lento, como si quisiera grabarse cada rincón en la memoria.
Ya no quedaba nada más por guardar. Solo le quedaba mirar una última vez aquel espacio que, aunque por poco tiempo, había sido su hogar.
Cuando Richard entró por la puerta, la