A MERCED DEL DINERO. C142: No tengo por qué dudar de su amor.
Nuevamente, Lucas no dijo nada. Simplemente observó, inmóvil, cómo Richard se lavaba las manos con lentitud, como si ese gesto pudiera lavar también la incomodidad del momento.
Cuando terminó, Richard le lanzó una mirada breve.
—Espero que tengas una buena noche.
Ya se disponía a marcharse, cuando la voz de Lucas lo detuvo.
—¿En verdad crees que Marfil te quiere?
Richard frenó en seco, de espaldas a él. Por un momento pareció que no respondería, pero lentamente giró sobre sus talones, con el ce