A MERCED DEL DINERO. C116: ¿Yo estaba alucinando?
Por desgracia, Marfil no reaccionó como Abigail habría esperado. No se defendió, no mostró culpa ni tampoco satisfacción. Simplemente la miró, y lo hizo con una frialdad que resultaba casi insoportable.
Su mirada no reflejaba compasión ni culpa, ni siquiera un atisbo de lástima. Tampoco maldad. Era algo más peligroso: una muralla de indiferencia, un caparazón imposible de atravesar. Marfil transmitía una serenidad inquietante, como si el drama que Abigail estaba exponiendo frente a ella no le c