Charlotte, quien lo más violento que había visto en su vida, era el accidente de su hermana, veía con asombro como los lobos se lastimaban con tanta ira, que había quedado sin poder moverse.
La mujer que no veía siquiera noticias para no contaminarse de la violencia que entre personas se mostraban, ahora veía a tres grandes lobos que casi triplicaban su tamaño, lanzándose con fuerza a las columnas del barco, cuando uno se subía encima del otro para atacarlo.
— Señora Charlotte, necesita marchar