Narrado por Damián Goldstein
Su presencia es una distracción, y sus palabras son engaños. Desde que Leonora llegó a mi vida, nunca tuve que bajar la guardia ni ante su belleza, ni ante su espontaneidad, tampoco ante sus juegos infantiles. Las emociones son un lujo para la gente como yo. Querer sentir algo más allá de mi deber y propia preservación, se me está prohibido.
Sus ojos, su calidez, su vulnerabilidad, deben ser una trampa. Nadie da nada sin un costo a cambio. Nadie actúa desinteresad