Estar almorzando en el departamento de mi jefe gruñón no es donde quisiera estar. Él está en aquel extremo masticando en silencio su comida, y yo estoy en este extremo comiendo de mi plato. Ver a sus empleadas en la cocina preparando los siguientes platillos, no es lo más cómodo tampoco por el extremo silencio. Esa cocina parece una profesional por la sincronización del personal.
—La comida está exquisita — elogio para romper el hielo.
Damián me da una mirada de reojo y se limpia la boca.
—Sí,