La desesperación no me deja razonar muy bien. Pido más explicaciones a mi hermana, pero la llamada se corta. Vuelvo a marcar a esta, y no me contesta. Cambio el piso al que quiero ir, y me encamino al puesto de trabajo de Amy para pedirle que me ayude a saber qué pasa.
Al caminar hacia éste, no puedo pedirle ayuda porque está de espalda charlando con alguien al celular. El resto de los empleados, están yéndose o preparando para salir de su trabajo.
—Sí tía. La cuidaré, no dejaré que cometa una