Capítulo 8
Alan se quedó rígido como una estatua ante la pregunta de Bianca. Sus ojos azules se abrieron de par en par y dio un paso atrás, buscando desesperadamente recuperar la distancia profesional que ella acababa de romper.

El asistente parecía reacio a hablar, apretando la carpeta de cuero contra su pecho como si fuera un escudo protector.

—Eso... eso no es asunto mío, señorita Bianca, ni tampoco suyo —tartamudeó Alan, intentando sonar firme, aunque la voz le tembló notablemente.

Bianca soltó
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