Emma detuvo su automóvil frente a la fachada decadente del burdel, pero antes de bajarse, se quedó estática frente al volante, abrumada por una marea de recuerdos que el olor a rancio de ese callejón marginal parecía despertar en su memoria. Toda su vida, cada uno de sus pasos, habían estado ligados irrevocablemente al apellido Riva.
Ella había conocido a Alessandro desde que era una simple niña. Creció con él a su lado, compartiendo veranos, confidencias y una complicidad que creía inquebran