Capítulo 6
En cuanto sus dedos rozaron el frío papel del cheque, Bianca huyó de la mansión Riva como si la persiguiera el mismo diablo. No respiró en paz hasta que estuvo encerrada en el pequeño y caótico apartamento de Lola. Desparramó los fajos de billetes que acababa de cobrar en una sucursal del centro sobre la mesa de la cocina, mientras caminaba de un lado a otro desahogando su frustración. Le contó a su amiga cada detalle del contrato, la frialdad inhumana de Alessandro y los extraños e irritantes t