Alessandro se alejó un par de pasos del mostrador de la comisaría, ignorando olímpicamente la mirada de suficiencia y burla que el oficial de turno le dirigía. Volvió a plantarse frente a las dos mujeres, cruzando los brazos sobre el pecho. Su imponente figura, recortada contra las feas luces de neón del techo, proyectaba una sombra alargada y dominante sobre la banca de madera descascarada. Clavó sus ojos oscuros directamente en Bianca, con una severidad tan profunda, gélida y analítica que pa