El trayecto en el auto fue un suplicio de silencio. Alessandro mantenía la vista fija en la carretera, con las manos aferradas al volante con tanta fuerza que sus nudillos se veían blancos. A su lado, Bianca sentía que el aire dentro del deportivo era denso, casi asfixiante. El miedo comenzó a morderle el estómago; tenía pánico de que él empezara a gritarle, de que desatara toda la furia contenida que se le notaba en la mandíbula tensa.
Para adelantarse a la reprimenda, Bianca comenzó a justif