La mañana llegó vestida de una luz grisácea y fría que se filtraba por los altos ventanales, pero para Bianca, la noche anterior se sentía grabada a fuego en la piel. Se despertó con los labios todavía sensibles, hinchados por la intensidad de un beso que le había robado el aliento, y con una mezcla indomable de rabia y deseo quemándole el pecho. Se vistió a prisa, decidida a no quedarse encerrada en su habitación. Si Alessandro Riva pensaba que dejarla tirada en el banco del piano, con el cam