Alan no esperó a que Bianca asimilara el dolor del rechazo de Alessandro. Con un movimiento brusco y directo, la tomó fuertemente de la muñeca y la obligó a seguirlo por el pasillo lateral, lejos del comedor. Bianca intentó zafarse con un tirón, pero el agarre del secretario era implacable, rígido, impulsado por una tensión que había estado acumulando durante semanas. No la soltó hasta que la metió en una de las oficinas secundarias de la planta baja y cerró la puerta con llave.
En cuanto se