Bianca regresó a su habitación arrastrando los pies, sintiendo el peso de un desconcierto que no lograba sacudirse. La actitud de Alan le escocía de una forma extraña; no le gustaba que la gente cambiara las reglas del juego sin avisar, y mucho menos que la miraran como si fuera un fantasma o un peligro del que había que huir a toda prisa. Decidida a no amargarse la mañana y a buscar un cable a tierra, tomó su teléfono celular y marcó el número de la única persona en el mundo capaz de regresar