Después de dejar el gigantesco botín de compras a buen recaudo en la cajuela del convertible, Alessandro guio a Bianca hacia la terraza de un lujoso café ubicado en la azotea del complejo. El lugar, decorado con orquídeas blancas y mármol pulido, ofrecía una vista panorámica espectacular de los rascacielos de la ciudad bajo la luz dorada del atardecer. Como era de esperarse, la mesa más privada y exclusiva ya estaba reservada para el dueño del imperio.
Bianca se acomodó en la silla de diseño,