Alessandro entró a su despacho con el rostro rígido, donde Alan ya se encontraba organizando los últimos detalles de la agenda en su tableta. Sin mirarlo directamente, el millonario se acomodó los puños de la camisa y soltó una orden directa que tomó al asistente por sorpresa:
—Cancela todas mis citas de hoy, Alan.
El secretario alzó la vista, parpadeando con incredulidad mientras revisaba la pantalla.
—¿Todas, señor Riva? Incluso... ¿su cita médica de esta tarde en la clínica de fertilidad