Tenerla a tan solo unos centímetros era, sin lugar a dudas, un territorio sumamente peligroso. Alessandro la miró fijamente y, por primera vez, la cruda realidad le dio un golpe de agua fría: Bianca era una mujer, una de carne y hueso, con una sensualidad tan desbordante y caótica que ponía en riesgo todo su estructurado mundo. Sintiendo que el aire se le escapaba, el millonario reaccionó; levantó una mano, apoyó un solo dedo en la frente de ella y, con una mezcla de rigidez y desesperación, l