El imponente rascacielos del Holding Corporativo Riva se erigía hacia el cielo nocturno como una mole de cristal y acero que intimidaba a cualquiera. A las seis de la tarde, Bianca cruzó la entrada de empleados vistiendo el tosco uniforme azul de la agencia de limpieza. El pantalón holgado y la filipina no lograban ocultar la delicadeza de su figura, y el cabello, recogido en una coleta alta, dejaba al descubierto sus facciones perfectas y su piel de porcelana, aún pálida por los malestares ma