El aroma dulce se metió bajo de su piel e inundó todo el cuerpo del lobo. Su instinto animal le pedía tomarla, el racional que no fuera un animal y actuara como el hombre que también comprendía el ser un licántropo.
Aleksi cargó a Beth en brazos y la llevó hasta la habitación que alguna vez compartió la pareja que vivió ahí.
La cama era enorme. Recostó a Beth en un extremo y la contempló unos segundos; lucía hermosa con la tenue luz de la luna entrando por la ventana. Sin embargo, no permaneci