Gianna atravesó por el medio de la larga hilera de escritorios que antecedían el pasillo que conducía a la oficina de su mate.
Esa mañana no tenía ánimos para vestir de forma presentable, pero lo hizo. Llevaba un elegante conjunto en color azul marino, la cabellera roja recogida en una trenza y una ligera capa de maquillaje para disimular las ojeras por culpa de no dormir toda la noche.
Pero es que no pudo pegar el párpado con las imágenes que llegaban a su cabeza. No eran recuerdos, sino imagi