Gianna se movió en el sofá, parecía incómoda en esa posición y Darragh decidió llevarla a su habitación. Abandonó su asiento, se inclinó con ella y la cargó en brazos como si no pesara más que un lápiz; sin embargo, pudo sentir los músculos firmes y duros de su Luna por sus años de entrenamiento.
«Qué vida tan triste has tenido», pensó con la mirada fija en ese rostro apacible mientras la conducía a su habitación, «me hubiera gustado hacer más por ti antes de todo esto».
Gianna sonrió en medio