—No.— antes de que sus labios pudieran juntarse, un dedo se interpuso en su camino, impidiendo el contacto y apartándola gentilmente. Abrió los ojos de golpe, shockeada. Él la miraba ceñudo. —¿Qué crees que haces, Cristal?— preguntó con frialdad.
—Yo… Yo… —Sus ojos se ampliaron, horrorizados. Sintió su corazón terminar de partirse y hacerse añicos como bono extra-. Lo… lo si… siento… —tartamudeó con lágrimas en las comisuras de sus ojos.
—¡Lo siento mucho!— no lo pensó dos veces y salió corrie