—¿Qué vas a hacer con la perra? —inquirió Ulrik, un poco molesto.
—Matarla, por supuesto. Haré que mi gente la encuentre y me la traigan. ¿Crees que puedas conseguirme un poco de talio? Deberías tener más facilidades que yo.
Los ojos de Ulrik brillaron con la revelación de lo que su amigo planeaba, y una sonrisa plena pintó sus labios.
—Por supuesto, hermano. Llamaré a alguien y lo tendrá para ti mañana mismo.
—Perfecto… —Soltó un respingo, sintiendo un ligero dolor de cabeza.
—¿Qué hay del tip