El tiempo no perdonaba, y ellos eran la auténtica prueba de ello. Estuvieron juntos toda su vida desde el primer momento. Cuando la célula se dividió en el interior de sus madres, crecieron uno junto al otro, se formaron, se sintieron, y desde entonces, aunque pudiera sonar extraño, y aunque pasaran algunos días de por medio, lo hicieron todo juntos.
El día que lo perdió, fue como perderse a sí mismo.
Bajaron de la camioneta y encontraron a una Alana sonriente a la espera; junto a ella se encon