Poco antes de las ocho de la noche, Andrew y Hannah llegaron a la casa de los Roth para dejar a la muchacha, pero él bajó del auto para saludar a Alisson.
Cuando entraron, la nena no tardó en correr escaleras abajo y casi brincar al sofá a abrazarlo.
—¡Papiiii! ¿Cómo estás? ¿Te sientes bien? —Ella, arrodillada y en pijamas, lo miró curiosa—. Te ves triste, ¿estás bien?
Desde la cocina, porque buscaba un vaso de agua, Hannah frunció el ceño, inquieta por el agudo sentido de su pequeñita al recon