La puerta se cerró tras la salida de Kenji de su oficina.
Masaki permaneció inmóvil, con la mirada perdida sobre la taza de café que ya comenzaba a enfriarse.
Las palabras de su hermano seguían resonando en su cabeza.
“No puedes permitir que un muchacho arrogante como él destruya todo lo que nos ha costado construir.”
Dejó escapar un suspiro.
Durante veinte años había protegido y amado a Isamu como a un hijo. Lo había visto dar sus primeros pasos, lo había acompañado en cada etapa de su