Esa tarde, durante el almuerzo, el comedor de la okiya estuvo lleno de conversaciones.
Las geishas comentaban entre risas los compromisos que tendrían esa noche, las exigencias de algunos clientes y las anécdotas que siempre terminaban convirtiéndose en motivo de carcajadas.
Sin embargo, Hana permanecía completamente en silencio.
Apenas había probado un par de bocados de arroz. Su mirada permanecía perdida sobre la mesa.
Akira la observó discretamente. Conocía demasiado bien a su okāsan par