Daniel la miró a través del retrovisor, permanecía con el rostro rígido y los ojos de ángel-demonio tras las gafas le impedían ser devorado por ellos.
—Kat..., yo.
—Baja rápido esas estúpidas maletas.
—¿De verdad, así va a terminar nuestro viaje? —inquirió él molesto, mientras que cerraba la puerta de un sonoro golpe.
Ella resopló y miró hacia otra dirección. Cuando él abrió el maletero, ella se hizo con su maleta y continuó su camino. Se sentó a esperar que fuera anunciado el vuelo y fingió ve