A las ocho de la mañana sonó la alarma, Katherine se desperezó entre las sábanas y buscó a tientas el cuerpo de su esposo en la cama. Él ya no estaba, volvió a estirarse, resistiéndose a levantarse. Sin embargo, la molesta alarma seguía sonando. Se levantó de la cama estirándose, su cuerpo dolía de un modo extraño, los músculos parecían haberse entumecido, y aún el sueño la obligaba a abrir los ojos con gran dificultad, todo estaba borroso. Dio un paso y sintió el dolor punzante en el talón.
—¡