Subió hasta su habitación o, mejor dicho, a la que antes usaba y desenfundó la hermosa guitarra que Daniel le había regalado, tocó algunas canciones que se dio el lujo de cantar en voz alta. Más tarde se concentró en su diario para registrar lo que fueron sus últimos días de encuentro con el amor. Todo parecía marchar mejor que mucho tiempo antes en su vida.
¿Qué podía salir mal? Un amargo sabor se instauró en su garganta. No tenía que pensar en eso.
Casi con el descenso del Sol, llegaron tanto