Se llevaron a Elizabeth a la sala de parto, allá no fue posible que yo pudiese ingresar, así que me quedé a la espera, nunca me había sentido tan nervioso en la vida, ni siquiera el mis negociaciones como empresario. Las cosas no andaban nada bien, el parto se había adelantado y los bebés nacerían prematuros, los médicos no salían a informarme nada, y el tiempo transcurría lentamente, no paraba de dar vueltas por la sala de urgencias. La espera se tornaba angustiante y le pedía a Dios con toda