El auto se detuvo frente a la mansión de los Montenegro con un rechinar de neumáticos. Celine salió con prisa, ajustándose el abrigo mientras Jacobo bajaba del lado del conductor. El rostro de ambos mostraba un cansancio evidente, pero también un alivio contenido: habían logrado que Carlota quedara en libertad bajo fianza, al menos por ahora.
—Al fin en casa —murmuró Jacobo mientras cerraba la puerta del auto.
Celine, sin embargo, no compartía su tranquilidad. Desde que habían llegado, algo la