La tensión seguía siendo palpable en el salón principal de la mansión Ferreti. Celine, con el arma aún apuntando a Jan Carlo, temblaba de rabia contenida mientras Estuardo intentaba razonar con ambos.
—¡Dilo de una vez! —exigió Estuardo, acercándose a su tío—. Si tienes algo que ver con el secuestro de Sofía, será mejor que hables ahora, porque si descubro que eres culpable, no voy a descansar hasta acabar contigo.
Jan Carlo se mantuvo inmutable, su mirada gélida no revelaba ni miedo ni culpa.