Sofía subió las escaleras de la mansión Ferreti apresuradamente, aún sin poder creer lo que Priscila le había contado por mensaje. Estuardo había golpeado a Santiago, y ella necesitaba respuestas.
Su respiración era rápida, sus pensamientos una maraña de confusión y enojo. Al entrar en su habitación, lo vio de pie junto al espejo, limpiándose el rostro con una toalla. Al notarla, Estuardo dejó la toalla y la miró con frialdad.
—¿Te parece normal lo que están diciendo de ti? —su voz era un susu