Estuardo miraba su teléfono, nervioso e impaciente, mientras conducía en silencio hacia la casa de los padres de Sofía.
Le había enviado varios mensajes a Amanda a lo largo del día, pero no había recibido ninguna respuesta. Cada minuto sin una contestación hacía que el nudo en su estómago se apretara más. Finalmente, justo antes de llegar, su teléfono vibró con la notificación que tanto esperaba: "Ven a mi apartamento."
Respiró profundamente, sintiendo una mezcla de alivio y ansiedad. Detuvo el