Don Jan Carlo, siempre elegante y con una presencia imponente, estaba sentado a la cabecera del comedor, bebiendo su café con calma antes de dirigir su atención a Sofía.
—He estado pensando, Sofía —dijo en su tono usual—. Quiero que te sientas cómoda aquí, en esta casa, y también que te preocupes lo menos posible por tu hermano. Así que he decidido contratar un chofer, exclusivamente para ti. Podrá llevarte a ver a tu familia o a Pablo cada vez que lo necesites.
Sofía, sorprendida, pero agradec