Sofía y Estuardo llegaron al hospital con rapidez, sus pasos resonando en los fríos pasillos.
Al ingresar al área de espera, se encontraron con su hermana Carla, su padre y su madrastra, todos con rostros desencajados por la preocupación.
Carla corrió hacia Sofía, su rostro pálido y sus ojos rojos por el llanto.
—¿Qué pasó? —preguntó Sofía con voz entrecortada, el miedo atravesándole el pecho como un cuchillo.
—Es Pablo… —dijo Carla, tomando las manos de Sofía. Su voz temblaba—. Algo malo le