Sofía y Estuardo llegaron al edificio de la empresa después de lo que había sido un exitoso desayuno de negocios. Estuardo estaba de buen humor, su sonrisa era evidente mientras bajaba del auto y guiaba a Sofía hacia la entrada principal. El desayuno había sido un éxito.
Ella lo seguía, observando la imponente fachada de la compañía. Las enormes ventanas de vidrio reflejaban la luz del sol, y el nombre de la empresa relucía en letras doradas sobre el mármol blanco.
—Te va a encantar mi oficina