Deanna volvió de la cocina con dos tazas en la mano, mientras preparaba el café se había desarmado un poco el complejo peinado de esa noche. La camisa le quedaba enorme y aun así de desaliñada Daniel la encontraba tan hermosa. La interceptó antes de que pudiera dejar las tazas en la mesita y la tomó por la cintura.
- ¿Por qué siempre te ves tan sexy? – Le preguntó escondiéndole la cara en el cuello.
Él siempre había tenido esas apreciaciones con ella. A veces la encontraba en algún lugar de la