Capítulo 52 —Dormitorios
Tomás entró a la casa principal abrazado a su almohada.
No lloraba, pero tenía esa quietud tensa de los niños que intentan portarse bien en un lugar desconocido. Llevaba la carpeta de dibujos apretada contra el pecho y el lápiz azul guardado en el bolsillo de la camisa, como si esas tres cosas fueran suficientes para sostener el mundo mientras decidía si podía confiar en el nuevo.
Vera caminaba a su lado, sin apurarlo.
—Puedes sentarte donde quieras —le dijo, señalando l